“Si alguno oye mi voz y abre la puerta”
“Oír” no es solo escuchar con los oídos, sino reconocer, prestar atención y responder. Abrir la puerta significa aceptar su presencia, confiar, dejarlo entrar en la propia vida, con todo lo que eso implica (decisiones, cambios, sanación).
“Entraré a él”
Jesús promete una presencia real y personal, no lejana ni abstracta. No es solo creer ideas, sino una relación viva.
“Y cenaré con él, y él conmigo”
En la cultura bíblica, comer juntos era signo de amistad, comunión e intimidad. Esta imagen expresa una relación cercana, cotidiana y profunda. También evoca la Eucaristía y, para muchos cristianos, la comunión eterna con Dios.
En conjunto, el mensaje es:
Jesús se ofrece a cada persona con paciencia y amor, sin obligar, deseando una relación íntima y transformadora. Él llama constantemente, pero la decisión de abrir la puerta siempre es nuestra.



